Los hechos más importantes sobre la cúpula de Brunelleschi

Vista de la cúpula de Brunelleschi

¿Qué es lo primero que fascina a los viajeros que visitan Florencia por primera vez? Sin duda, la cúpula de la catedral florentina: el monumento más reconocido de la ciudad, símbolo de su poder y belleza. La historia de su construcción es una de las más fascinante y misteriosa de Florencia. Considerando que una cúpula de semejantes dimensiones era técnicamente imposible de construir a la época, la exitosa realización del proyecto pareciera un verdadero milagro. Pero comencemos desde el inizio.

La historia de la cúpula de Filippo Brunelleschi

La construcción de la nueva catedral de Florencia inicia alrededor del año1294, 1295 pero el proyecto inicial no tomó en consideración la construcción inmediata de la cúpula. De hecho en aquel momento, nadie se preocupó del proyecto. Las obras de la catedral comenzaron con la fachada y los muros de la nave principal. La necesidad de diseñar una cúpula se presentaría más adelante. ¿Pero entonces, por qué se preocuparon por ella ya desde el inizio?

A pesar de que el tambor que soportaría la cúpula ya estaba listo hacia el año 1315, fue en ese momento cuando comenzaron los problemas. El espacio que se suponía sería cubierto por la cúpula era enorme. El tambor medía 13 metros de alto y llegaba a los 55 metros por debajo del nivel del suelo; mientras que su diámetro externo era de 54,8 metros y el interno de 45,5 metros.

Durante el siglo XIV, al momento de construir una cúpula o una bóveda, los arquitectos utilizaban armazones especiales de madera llamados “centrados”  los cuales mantenían los ladrillos en el lugar correcto hasta que el mortero se secaba.  Semejante técnica era imposible de aplicar en la construcción de una cúpula de 34 metros de alto (en su totalidad 116 metros desde el nivel del suelo). Era imposible encontrar árboles suficientemente altos como para construir el “centrado”.

Giorgio Vasari en su libro Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos menciona diversas ideas tomadas en consideración al momento de buscar soluciones para esta gigante construcción. Una de ellas era llenar el espacio interno de la iglesia con desechos y monedas, utilizando esta suerte de “montaña de basura” para sostener la cúpula y a los operarios. Un vez finalizada la cúpula, el alcalde de la ciudad, solicitaría a los ciudadanos pobres limpiar la iglesia, quitando la suciedad y de ese modo encontrar las monedas escondidas entre los desechos. ¿Bastante inteligente, verdad? Obviamente no fue esta la solución.

El concurso de 1418

En 1418 la Opera del Duomo, empresa que llevó a cabo la construcción de la iglesia, anunció un concurso para el proyecto de la cúpula. Filippo Brunelleschi y Lorenzo Ghiberti – su histórico rival – participaron en el mismo. Debemos recordar que 17 años atrás Ghiberti venció a Brunelleschi en  el concurso para el proyecto de una de las puertas del Baptisterio. Brunelleschi, quien ya a la época había comenzado a encontrar inspiración en la escultura clásica, considerándose a si mismo como el artista más innovador  de Florencia, se sintió realmente ofendido por la decisión del jurado. Luego de la derrota, abandona Florencia y se dirige a Roma junto a su amigo Donatello, donde ambos continúan a estudiar el arte clásico, tanto escultura como arquitectura.

Vista de la cúpula desde la terraza de la tienda Rinascente

En 1418 Brunelleschi regresa a Florencia convencido más que nunca que sólo él era capaz de resolver el problema de la cúpula. Desafortunadamente, el comité no declara ningún vencedor del concurso, por lo cual, Brunelleschi y Ghiberti deben lidiar ambos con la construcción de la cúpula. Para Brunelleschi fue el colmo. Luego de un par de discusiones con Ghiberti decidió probar la importancia de su conocimiento y habilidad para el éxito del proyecto. Fue así como simuló estar enfermo ausentándose un par de días de la obra. Su ausencia creó gran confusión entre los trabajadores, por lo cual se evidenció que el proyecto sin él no podría continuar. Ghiberti fue despedido y Brunelleschi finalmente se convirtió en el jefe de obra. Promovió su proyecto y fue así como en 1436 la cúpula fue terminada hasta la base de la linterna. El 1 de agosto de 1436 fue bendecida por el Papa Eugenio IV.

Los años durante los cuales se llevo a cabo de la construcción de la cúpula significaron una aceleración del desarrollo tecnológico de Florencia y sus artesanos. ¿Pero por qué esta cúpula es tan particular?

Los secretos de la cúpula de Brunelleschi

Gracias a sus conocimientos técnicos, creatividad y colaboración con carpinteros y herreros florentinos, Brunelleschi inventó un andamio móvil el cual se sujetaba a las partes ya construidas de la cúpula moviéndose hacia arriba a la par que aquélla se iba construyendo. A fin de elevar los ladrillos desde el pavimento, Brunelleschi proyectó una grúa: una compleja maquinaria de elevación, que permitía a los obreros transportar los materiales necesarios directamente al nivel del andamio donde se encontraban trabajando. Las innovaciones desarrolladas en las grúas y andamios móviles fue sucesivamente aplicada no sólo en el campo de la arquitectura sino también en la proyección de escenografías. De hecho, varias de la grúas serían luego utilizadas para elevar desde el escenario hasta el techo, a los actores que participaban en los espectáculos religiosos desarrollados en las iglesias florentinas.

La cúpula en realidad, está conformada por dos cúpulas, una interna y otra externa conectadas a través de costillas intermedias. A fin de garantizar la solidez y estabilidad,  Brunelleschi utilizó el sistema de construcción con  ladrillos dispuestos  a modo de “espina de pez” e introdujo asimismo la disposición radial – vertical de los ladrillos que iban conformando el muro de la cúpula. Existen aún diversas hipótesis que tratan de explicar la técnica de Brunelleschi, pero efectivamente no sabemos con seguridad cómo y por qué  la puso en práctica. Parecería que los obreros colocaron los ladrillos utilizando un sistema de cuerdas sujetas a un anillo en la base de la cúpula. Las cuerdas indicaban la posición exacta y la inclinación de cada ladrillo permitiendo el movimiento  a los obreros. La rotación de los ladrillos vuelve a la cúpula  particularmente resistente a la compresión y tensión, a las fuerzas de “ tirar y empujar” como así también al empuje lateral causado por la carga llamado “hoop stress” (stress mecánico causado por la rotación simétrica de objetos tales como un tubo / tubería). La linterna que corona la cúpula funciona como una especie de tapa manteniendo en forma balanceada las fuerzas de tire y afloje creadas por las capas interna y externa que conforman la cúpula.

Vista de la cúpula desde los jardines de Boboli

Brunelleschi logró completar su ambicioso proyecto gracias a su gran apertura mental y carácter colaborativo. Para obtener los cálculos matemáticos para la cúpula, colaboró con Paolo del Pozzo Toscanelli, importante matemático florentino formado en Padua y activo en Florencia. Para construir los andamios y las grúas trabajó junto a obreros y carpinteros altamente especializados aún cuando pertenecían a las corporaciones menores y con ello, a las estratos más bajos de la sociedad. De hecho el carácter abierto que reflejó el siglo XV florentino, la tendencia a construir puentes entre personas de diferentes bagajes sociales: académicos, artesanos, ricos mercantes y humanistas, contribuyó a crear las bases para la creatividad e innovación que estalló en Florencia entre 1400 y 1500. Es por ello que la cúpula de Brunelleschi es un símbolo perfecto de la prosperidad de la ciudad y de sus artes de aquel momento revelando asimismo la importancia del diálogo entre las diferentes ambientes profesionales e intelectuales. Aún podemos aprender tantas cosas de los edificios de Florencia!


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